LA GRITA Y MI PAPÁ
Al llegar, me
dije que había cometido un error. Mi papá se había encargado de hacerme
publicidad. Por su calle no quedó nadie sin saber que venía su hijo psicólogo,
escritor y que, además, pronto estaría de cumpleaños. Me presentó a un montón
de gente. Tenía contacto con una familia numerosa. Para colmo, entre los
integrantes, había una chica que precisamente había nacido el mismo día que yo.
Y por tal motivo, fue planificada una celebración con bombos y platillos.
Estaba atrapado.
La celebración
se llevó a cabo en una montaña. Había una churuata donde colocar todo. Hubo
mucha gente. Me hicieron una torta. Me cantaron cumpleaños. Me llenaron la cara
de torta. Una señora mayor que yo no paraba de tocarme el culo. No, no era que quería
tener sexo conmigo; estaba con su marido. La miraba y ella lo que hacía era
reírse. Fue un día muy largo. Ya en la noche, sin éxito insistí en preguntarme
el porqué había elegido La Grita para pasar mi cumpleaños.
Pues bien, al
año siguiente mi papá enfermó. Él no estaba consciente de la gravedad de su
enfermedad. “Si no te dializas en una semana estás muerto”, le dijo
tajantemente el doctor que lo atendió en la Clínica Luis Razzetti. En aquel
tiempo, se estaba quedando por la carretera vieja de La Guaira. La señora con
quien vivía me llamó para decirme que no quería comer, que no quería bañarse.
Recuerdo que fui a visitarlo sin tener ninguna idea clara de lo que iba a decirle.
Me sacudió el verlo tan desaliñado. Nunca se lo había permitido delante de mí.
Era una imagen inédita en mi vida. Impactante. Entonces me senté a su lado y le
confesé que lo comprendía, que en su lugar yo también haría lo mismo, que me
lanzaría al abandono. Mis palabras no fueron una estrategia, fueron mi más
honesta manifestación de empatía. Por suerte tuvo un efecto positivo. “Pero yo
no quiero lanzarme al abandono”, me dijo. Fue cuando aceptó bañarse, comer y
dializarse.
Lastimosamente,
mi papá solo duró dos meses dializándose. Falleció el 3 de marzo del año 2003. Se
están cumpliendo 16 años. Después de ese evento supe el porqué había elegido La
Grita: ese cumpleaños iba a ser el último en que mi papá iba a estar con vida, tenía
que pasarla con él, así de sencillo. No, no tengo explicación para lo de la
señora y mi culo. “Son vainas”, solía decir mi papá cuando no tenía explicación
para algo.



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