ODIO
Mi hijo odia el fútbol. También odia a las mujeres. ¿Qué relación tiene lo uno con lo otro? Les cuento. Yo siempre he amado el fútbol. Por eso lo inscribí cuando cumplió los diez años en el equipo de la urbanización. ¿Qué padre no quiere que su hijo ame lo que él ama? No tenía muchas habilidades, pero con práctica estaba seguro que podía superarse. Así había pasado conmigo: no era talentoso, pero la práctica me hizo un buen defensa central. Todo estaba bien hasta que inscribieron a Camila en el equipo. Lo confieso, yo no estaba de acuerdo con eso de que una niña jugara con varones. Soy sincero. Pero me quedé callado porque vi que ningún padre protestó. Claro, era una moda. Hipocresía más bien. Después lo asimilé, qué podría pasar, nada. Pero, odio admitirlo, resultó ser que las habilidades de la niña eran extraordinarias. En una práctica el regate que le hizo a mi hijo fue monumental, lo dejó tirado y luego hizo un gol de puta madre. Me dio tanta rabia que lo castigué. En contra de su mamá, lo hice gritar por la ventana que una niña lo había vencido. Le reclamé porque no era un hombre. Le di sus cuantos correazos. Me burlé. Pensé que así iba a generarle el deseo de vengarse, de demostrar que él era el que mandaba en la cancha, no ella. Se me olvidó que era un niño. Pero nada resultó como esperaba. Por esa experiencia mi hijo hoy en día odia el fútbol y también a las mujeres. Es homosexual. Lo amo y a la vez lo odio por eso. Tiene 22 años. Sí, también me odia a mí. Desde hace unos cuantos años no quiere nada conmigo.



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