MI DIARIO


Tengo 24 años escribiendo un diario. Mi amiga Sol me regaló una agenda y, como no sabía qué uso darle, se me ocurrió anotar lo que había hecho en el día. Comencé a escribirlo el 10 abril de 1995. Al principio fueron oraciones cortas. Luego fui agregando descripciones más largas. Al poco tiempo se convirtió en un hábito. Un hábito que ha permanecido aun cuando en ocasiones lo abandono durante meses. Pero no solo adquirí el hábito de escribirlo, también el de leerlo. Y leerlo ha sido más fascinante que escribirlo. Para darle lectura me impuse un sistema: leer los años anteriores del día que estaba escribiendo. Ahí fue cuando me di cuenta de las repeticiones que se dan en mi vida sin que yo estuviese consciente de ellas. Esas repeticiones, de verdad, son sorprendentes. Por supuesto, no son repeticiones exactas, digamos que son similitudes, no obstante siguen siendo asombrosas. Les cuento una de ellas. A finales de marzo, del año x, fui para el cine con mi amiga Stella. Nos metimos a la previsora. Fuimos a ver El paciente inglés. Cuando salimos, como Stella no había dejado su carro en el estacionamiento, lastimosamente descubrimos que le habían robado la batería. Qué vaina. Pues bien, otro año x, a finales de marzo, planeé con Stella ir al cine. Sí, planeamos ir a la previsora. No, no estaban pasando El paciente el inglés. Pero por alguna extraña razón anoté en mi diario que, en esos días, había visto El paciente inglés en Televen. Se preguntaran, ¿cuando salimos del cine descubrimos que le habían robado la batería? No. No entramos al cine. Stella no llegó, se le presentó un problema con el carro cuando venía en camino y tuvo que meterse en un taller mecánico.
No he hecho teorías sobre esto. No me interesa. Cada quien que saque sus propias conclusiones. Hoy en día ya no uso cuadernos, estoy escribiendo de forma digital. Por otro lado, estoy cumpliendo lo que me había planteado: ya comencé a deshacerme del diario, he quemado varios años, es decir, varios cuadernos. Aprendizajes que me ha dejado la lectura de mi diario: ninguna relación es para siempre. Ni siquiera las familiares, todas son vulnerables. Por eso, bravo por las que se mantienen. Las que se terminan, nadie tiene la culpa. Las verdades cambian. Ayer te amé, eso era verdad; hoy no, lo que no quiere decir que mi amor de ayer no fuese verdad. Pasado y presente están hechos de verdades distintas, pero verdades al fin.   

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