TE LLEVO CONMIGO
Llamarla me hizo entrar en el follaje de la nostalgia. Hacía mucho que no conversábamos. Se me atragantó la voz cuando la escuché. A ella también le pasó lo mismo. Esos primeros segundos fueron de un temblor de cariño silencioso. Nunca he sido expresivo con ella, lo confieso. Ambos estuvimos de acuerdo en que el afecto siempre nos mantendrá unidos, incluso en esta extraña distancia. Después nos acoplamos. La memoria nos salvó: ella comenzó a recordar para sentirnos vivos. ¿Te acuerdas cuando caminamos, en la madrugada, desde El Valle hasta Lídice? ¿Cuántas calles caminamos en las madrugadas? Es infinita la cantidad. ¿Te acuerdas cuando salíamos a trotar a las cinco de la mañana por El Calvario, por La Pastora? ¿Te acuerdas cuando cantábamos en las noches de Sabana Grande, que poníamos el estuche de la guitarra en el suelo para que nos dieran dinero? ¿Te acuerdas que íbamos a muchas canchas, como quien busca pelea, porque nos sentíamos los mejores? Fuimos a las del 23 de Enero, a las de Ruperto Lugo, a las de San José, a las de la Universidad Central, a las del Parque del Este, a las del Santo Tomás de Aquino, etc. Sabíamos cómo ganar. Aprendimos a perder. ¿Te acuerdas de las serenatas que dábamos en el barrio? Tú y yo sabemos que en los barrios son mayoría los que luchan, los que dañan son pocos. ¿Te acuerdas las subidas al Ávila por Sabas Nieves? ¿Te acuerdas los lugares nocturnos donde bailábamos, donde te conseguiste esa chica que te dijo: Hazme sentir como un terremoto? A todo le dije que sí con la voz quebrada. Después de preguntarme con ansiedad si recordaba, entonces comenzó a lastimarse. Ya no me siento tan iluminada como antes. Hay muchos cines y librerías, esos sitios que amas, que cerraron. Muchos se han ido. Me duele el pecho. Siento que sangro. No te pongas así, le dije para calmarla. Te llamé para desearte feliz cumpleaños, no para causarte dolor. Me dio las gracias. Dime cuántos son, para decirle a mi mamá que se juegue el número en la lotería, le comenté. Se echó a reír. Cuatrocientos cincuenta y dos años, me respondió. Lo había olvidado. Fue cuando, después de tanta nostalgia, le dije lo que nunca le había dicho: Te amo, Caracas. Te llevo conmigo…



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