EL SEÑOR JOSÉ


El señor José perdió la calma. Se puso como loco, dijo la cajera. Un vigilante tuvo que golpearlo en el automercado. Ya venía acumulando muchos dolores y rabias. En esta situación, si no te desahogas con alguien puedes perder la razón. Pero cada quien está en lo suyo, esa es una verdad incuestionable. Las colas en los bancos para que le dieran su pensión incompleta. Lo inalcanzable que se habían vuelto sus medicamentos para la diabetes y la tensión. Su hija en otro país pasando apuros. Se graduó de abogada para limpiar pisos, se acuchillaba con eso. Estoy comiendo bien, le mentía. La falta de alimentos en su nevera. La luz y sus desapariciones. El agua y su ausencia. Lo lejos que ahora parecía el cementerio donde estaba su difunta esposa. El robo de su lápida. La soledad. Los disparos a quemarropa de la politiquería. Las noticias que no entendía sobre la hiperflación. En fin, lo natural que parecía todo, como si  hubiésemos nacido en este remolino. Demasiado había aguantado. Por eso dos cosas en apariencias sencillas, inofensivas, fueron el detonante. ¡Saldo insuficiente!, le gritó el farmaceuta como para que se enterara todo el mundo. Le provocó subirse al mostrado y estrangularlo. Pero respiró y se marchó. Él había revisado, en su libreta de ahorro decía que tenía saldo. Fue en el automercado en donde no se aguantó. Tenía la apariencia de un indigente. No porque quisiera sino porque hacía mucho que no tenía para comprar ropa. Llevaba un zapato de goma y otro de salir. Sacó la cuenta en la mente a ver si le alcanzaba para unos tomates y unas papas. Cuando estuvo seguro, se acercó a una caja. ¡Esto es solo para divisas!, le gritó la cajera sin miramientos, acaso por su apariencia. Lo que hizo explotar al señor José, quien se le lanzó encima a la mencionada y comenzó a estrangularla. ¡Yo gano en bolívares, hija de puta!, le vociferó, cuando nunca había sido grosero. Pudo haberla asesinado si no es porque un vigilante lo golpea en la sien. Se puso como loco, le decía más tarde la cajera a una de sus compañeras. Ahora les causaba risa, porque cada quien está en lo suyo, esa es una verdad incuestionable.                                                  

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