PORNO
A mi papá lo que le gusta es el porno. Me tiene atormentada con el porno, porno, porno, dijo la estudiante de trece años y se fue en llanto. Fue cuando se activó la alarma en el psicólogo. Era seguro que estaba frente a un caso de abuso sexual infantil. Se sensibilizó porque pensó en su hija, quien era de la misma edad. Sintió rabia. Se adelantó a pensar en los pasos a seguir, hablar con el director del liceo, ir al consejo de protección, etc. Pronto volvió en sí, tenía que decir algo. ¿Cómo te hace sentir eso?, no podía usar esa interrogante. Hizo un ajuste interno. ¿Tu papá te pone a ver pornografía o te graba para hacer pornografía?, por fin se le ocurrió intervenir. No le gustó su pregunta, se dio cuenta que era una intervención insensible. Pero ya la había soltado. ¿Qué? ¿De qué está hablando?, le preguntó la estudiante, quien detuvo el llanto de golpe. Me dijiste que tu papá te tenía atormentada con el porno, citó las palabras de la joven el especialista. Sí, siempre me grita que si por no haber ayudado a tu hermano con las tareas, te quedas sin tu celular; por no haber pasado las materias vas a estar castigada un mes, por no haber limpiado tu cuarto, tu novio no va venir más; por no haber respetado a tu mamá, ya no se te va comprar ropa nueva. Porno, porno, puro porno, vociferó la estudiante para alivio del psicólogo. Un alivio que no le duró mucho, pues el problema se le presentó después, cuando la atendida tergiversó su intervención. Lo acusó con el director de haberla invitado a ver pornografía. Ahora está citado por el consejo de protección por presunto abuso sexual infantil. Todo por no haber hecho la pregunta correcta.



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