LA SEXUALIDAD DE FRENTE Y A FONDO
El
tema de la sexualidad no es abordado de forma permanente y oportuna en la
educación venezolana por varios factores. Mencionemos algunos. Somos una
sociedad sin cultura preventiva, preferimos apagar fuegos que invertir en la
prevención. Nuestros docentes no están formados, por eso es un tema incómodo
para ellos. Se asume que la palabra sexualidad está relacionada, única y exclusivamente,
con relaciones sexuales y genitales. Hay quienes sostienen que hablar sobre
salud sexual es incitar a los adolescentes a que tengan sexo. Mamá y papá, como nadie los educó en este tema, dejan que sus hijos aprendan solos, como
hicieron ellos, en la calle, con un amigo, en internet, acaso en el colegio. Las
creencias religiosas juegan su papel coercitivo, olvidando que la educación debería
ser un terreno laico. En fin, no es gratuito que Venezuela ocupe uno de los
primeros lugares en embarazo adolescente en Latinoamérica, por mencionar uno de
los problemas que trae como consecuencia el abordar la sexualidad desde lejos. Se
le llamaba embarazo precoz, luego embarazo adolescente, después embarazo a
temprana edad; como si fuese un asunto que se resuelve nominalmente.
Sí,
hay que educar a los docentes, lo que implica brindarles herramientas para que
manejen la sexualidad y la prevención. Luego habrá que incorporar definitivamente
la materia salud sexual y reproductiva al pensum escolar. Este contenido no se
debe impartir solo a través de campañas de un día, poniendo carteleras en los
pasillos porque es el día mundial del SIDA. Debe ser una formación constante. Y
si es posible, aunque sea una tarea titánica, hay que involucrar a los padres
en este proceso de educación.
En
los países en donde se asume que los adolescentes deben y pueden tener
relaciones sexuales, se les educa para que las tengan de una forma responsable.
Ejecutan la prevención. Esto disminuye el riesgo de la propagación de las
enfermedades de transmisión sexual. En nuestro caso, como asumimos que el acto
sexual no es un asunto de jóvenes, no los preparamos para ello. Preferimos prohibir.
Resultados, un alto índice de personas
con Virus de Papiloma Humano (VPH), con Virus de Inmunodeficiencia Humana
(VIH), un sin fin de adolescentes embarazas, etc.
Educar
no es usar láminas para enseñarles a los jóvenes cómo se llaman sus partes
íntimas. Tampoco entregar trípticos que digan “No al embarazo a temprana edad”,
ni hacer un taller de proyecto de vida y luego no hacerle seguimiento a ver en
qué se convirtió esa información, si se
internalizó o no. Educar es abrir las puertas al diálogo constante entre
docentes, estudiantes y representes; hay que deshacerse de la relación de poder y
abogar por la retroalimentación. Es lograr un cambio de actitud, crear una
cultura preventiva. Es conocer el alcance de la sexualidad, saber que abarca emociones,
conductas, creencias; hasta involucra nuestra forma de manifestar afecto. No se
trata solo del acto sexual. Todo lo que es desconocido genera miedo. El miedo trae
prejuicios. ¿Y cuál es el remedio para los prejuicios? La educación.
Asimismo,
debemos poner en práctica la prevención. Prevenir es anteponerse al peligro, es
considerar los riesgos, es cuidarse. Parece sencillo, pero cómo que no lo es,
porque no lo hacemos. La prevención debe ser permanente y oportuna para poder
hacerla parte de nuestra cultura. Eso sí, debemos saberlo, el trabajo de
prevención es invisible, no se puede medir el resultado en el momento que se
realiza, es un asunto a largo plazo, pero es el camino correcto. La educación y
la prevención son nuestras luces, son las herramientas que nos ayudarían a
abordar la sexualidad como debe ser, de frente y a fondo.



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