LA HUMILLACIÓN
Humillar es uno de los actos más violentos que podemos cometer. Acaso porque sabemos que duele y deja secuela es que los seres humanos, en un momento de ceguera o de conciencia, usamos la humillación para arremeter contra alguien. Nelson Mandela, en su autobiografía El largo camino hacia la Libertad (2012), en el segundo capítulo, señala a la humillación en el final del un párrafo: “Aunque había sido derribado por un burro, aprendí que humillar a otras personas es hacerle sufrir un destino innecesariamente cruel. Incluso siendo un niño, intentaba derrotar a mis oponentes sin deshonrarles”. Lo sabemos, no todos tienen la conciencia de ese niño que más adelante cambiaría el mundo.
En una oportunidad, una señora me trajo a su hija de trece años para, creí yo, le brindara orientación. Lastimosamente me equivoqué. La representante aprovechó para humillar a su adolescente. No le interesaba mi ayuda, al contrario, solo quería avergonzarla delante de mí. No vienen al caso las palabras que usó, lo cierto es que la mencionada estaba consciente de lo que estaba haciendo. Y lo admito, me desenfoqué. Aun cuando sea psicólogo, no es fácil para mí presenciar un acto de humillación. Sí, parece mentira, pero muchas madres y padres usan esa herramienta como método de educación. En fin, le reclamé a la madre como si fuese un vengador. Ella levantó su mecanismo de defensa ante mi ataque. Lógico, tal vez pensó que yo quería humillarla delante de su hija. Se fue, la perdí, sin más me dejó a solas con su adolescente. Ya había logrado lo que había venido a hacer. Me cuestioné mucho. Tenía que asesorarla, no reclamarle. Debí haber actuado como psicólogo, no como Rafael. Aun me pregunto si lo que quise hacer fue humillarla delante de su hija. Actué por impulso. No cuestiono a la señora porque no es cuestionando el comportamiento de las otras personas lo que me hace crecer como profesional y como ser humano. Fue un error de mi parte.
Saltando a otro terreno, en las redes sociales humillar es una cosa como natural para un grupo de personas. Con base en su visión, les gusta restregarle al otro lo equivocado que está por la vida. Expresar una opinión sobre algo puede acarrear los más agresivos comentarios. Sobre todo si la opinión ha sido escrita con algún error ortográfico. Y ni hablar cuando lo escrito está vinculado con la política. Incluso, en ocasiones solo basta con una foto para que se genere una avalancha de improperios. Desde mi parecer, es estéril debatir con algunas personas en los espacios que ofrecen las tecnologías. Al parecer todos somos dueños de la verdad en las redes sociales, eso dificultad los debates.
El cine, en infinidad de piezas, nos muestra que humillar y violentar son sinónimos. El arte delata nuestras oscuridades. Lo que más me llamó la atención de Joker (2019), además de la magistral actuación de Phoenix, fue precisamente la humillación que sufre el personaje. A pesar de lo que sufre, no justifico su violencia, pero su accionar es una buena exposición de las consecuencias que trae consigo la práctica del verbo humillar.
Vuelvo a las redes sociales. No todo es oscuridad. En la cuenta de twitter de Juan Pablo Varsky, leí las palabras de Khedira citando lo que les dijo Joachim Löw, a propósito de ese juego en el que Alemania le propinó 5 goles a Brasil en el primer tiempo y en su propio mundial. “Fue claro: nada de arrogancia. Debería ser un código. Seguir dando todo, sin humillar. Dijo: ‘Si alguno se burla del rival, lo saco de inmediato. La mitad arranca 0-0. A ganarla’. Fue la charla perfecta”. Genial las palabras de Löw. Eso hace un líder.
Ojalá pudiésemos tener la conciencia de aquel niño sudafricano para tener claro que humillar a otras personas es hacerle sufrir un destino innecesariamente cruel. Ojalá las madres y padres abandonen esa creencia de que humillar a sus hijos es un método de educación. Ojalá en las redes sociales pululen más los debates limpios, sin el intento de humillar, que los violentos y sin sentido. Ojalá pudiésemos seguir dándolo todo sin humillar a nadie.



Ojalá descubriéramos que nos mueve a humillar a otro, que resorte se dispara dentro, es allí donde contactariamos con nuestra propia ¿oscuridad? ¿o vulnerabilidad? Tendriamos que tener el valor de asumir lo que encontremos para decidir qué hacer .
ResponderEliminarRevisándonos, es ahí donde creo que podremos encontrar respuestas, no buscando afuera, no acusando a otros.
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