MI VIEJO LUIS
Tú lo sabes, mi viejo Luis, me la paso escribiendo,
pero te confieso que ¡cómo me ha costado dedicarte algunas frases coherentes! Estoy
conmovido. No estaba preparado para este acto de magia que te has lanzado para
todos. Se me arrugó el alma y se me entumecieron las manos cuando me enteré. Se
apagaron de golpe las ventanas de mi apartamento. Siento que nada de lo que
escriba va estar a tu altura, nada va a tener la velocidad y la agilidad de tu
moto alada, ni el humor único que te caracterizaba. Aún así, aquí estoy
nombrándote, porque al hacerlo siento que se acomoda un poco mi latido.
No soy de llantos, ¿pero cómo no te voy a llorar si
tú hiciste feliz a mi familia? Tú eres mi familia. Eres el padre de todo el
equipo de fútbol. Tú eras el mejor jugador, el capitán, el número diez. Cuando
te conocí, siendo yo un adolescente, estaba asombrando por tu buen humor. No
sabía que un papá podía ser tan risueño, tan niño y tan padre a la vez. ¿Cómo
puede tener la puerta abierta todo el tiempo para tanta muchachera?, me
preguntaba. Al tiempo lo supe: tú eras un muchacho más. Me acuerdo de los actos
de magia que nos hacías con mi Bene. Insuperables. Eres único. Te miro
bailando, cantando, riendo, metiendo los cauchos en tu camión, rugiendo cuando
se metían con uno de tus hijos. Aún te miro, porque al hacerlo siento que se acomoda
un poco mi latido.
Te gustaba bromear con mi mamá: Eloina, ¿cuál es el
numerito para hoy? A mí me hacía feliz que la trataras así. Nos regañabas en el
momento justo, cuando era necesario. Ahí dejabas de ser el muchacho, eras el
padre. Jamás olvidaré aquel día en el que iba caminando frente a la jefatura,
distraído como siempre, y de pronto un carro se detiene, así, sin pararle al
tráfico, y veo que tú te bajas para darme la mano y felicitarme porque recién
me había ganado el premio de novela inédita. Coño, mi viejo, nunca te lo había
dicho, pero ese día me fui volando hasta la Avenida Sucre, con el pecho hinchado,
sabiendo que me iba a dedicar a la escritura toda la vida. Ni siquiera mi papá
me había felicitado así. Te vas pero te quedas, lo sé, de eso se trata este
acto de magia que se te ha ocurrido. Gracias por todo. No, no es una despedida,
es solo que al darte las gracias siento que se acomoda un poco mi latido. Te
amo, mi viejo Luis. Y será por siempre.



Comentarios
Publicar un comentario