MI MAMÁ, ANTONIA ELOINA HERNÁNDEZ
Mi mamá nació en Cumaná. Se quedó sin padres desde
niña. Aunque hizo el esfuerzo, solo llegó hasta tercer grado. Sin embargo, se
convirtió en una mujer inteligente y sabía emocionalmente. No es porque haya sido
mi mamá, pero he conocido a pocas personas como Antonia Eloina Hernández. Fue
un ser humilde. Practicó la filosofía de ayudar sin mirar a quien, sin dar
discursos, ni presumir. “Yo no doy para que me den”, decía. Se separó de mi
papá porque no resultó un buen partido. Nunca nos habló mal de él. Al
contrario, cuando nosotros comentábamos algo negativo, mi Eloina nos detenía.
“Ese es su papá”, sentenciaba, sin importar los desmanes del susodicho para con
ella. Una vez la atropelló un motorizado. Por fortuna, no fue grave. Mi mamá lo
disculpó sin ningún problema. Un cajero de un banco le dio dinero demás,
recuerdo su angustia porque quería devolver esa plata, pero sin meter en
problemas al cajero. Se enteró de que un vecino estaba enfermo, alguien que ella
no conocía, y le compró sus medicinas porque su familia lo había abandonado. Fue
a visitar a un vigilante al hospital cuando supo que había tenido un accidente,
era un muchacho que se había venido del interior a trabajar y no tenía
familiares cerca. Así de inmensa era mi mamá.
Atesoro su amor y respeto. Atendía a mis amistades
con su manto de madre. Jamás intentó obligarme a nada. Dejó que llevara mi
ritmo como la mejor directora de orquesta. Eso sí, me exigió que fuese honesto
y que respetara mi palabra. Aunque creía en Dios fervientemente, nunca
cuestionó que mis creencias se alejaran de su religión. “Dios te bendiga”, me
dijo hasta en los momentos en que ya le costaba hablar. En el barrio se la
pasaba rodeada de niños. De hecho, cuando cumplía años, sus invitados eran los
más pequeños de la calle principal. Fue divertida, su humor era un canto. “¿Y no voy a poder bailar?”, le preguntó a su
doctora, cuando esta comenzó a pintarnos el panorama que se nos venía.
Me llena de admiración saber que hizo de este mundo
un lugar mejor. Es gigante mi orgullo por mi Antonia Eloina Hernández, la
madre, la magia, la risa hermosa, mi fuente de inspiración, mi fuerza, mi compañía
sempiterna, la autora de mi frase de amor preferida: “Negrito, ¿no vas a venir
a comer?” Se fue su cuerpo, pero no su presencia. Aún está con nosotros. Hoy
estoy más vivo que nunca, pues sé que ella así lo quiere y así es como voy a
homenajearla hasta el final del camino. Gracias por todo, mamá.


Mamá Eloina, me miraba de reojo jajajaja, me saludaba con cariño, algunos platos de pastas. Siempre presente. Te abrazo mi pana.
ResponderEliminarSiempre presente. También te abrazo, mi pana.
ResponderEliminarMi hermana mayor. Mi mamá decía, no la parí pero faltó poco. Siempre aquí. ❤Siempre que oigo a Celia Cruz cantar, me vienes a la mente. Ese humor tan característico tuyo. Un cafecito ? Eloi eso es agua sucia. Niña para que te calientes el estómago. Tqt🙏
ResponderEliminarComparti pocos momentos con Eloina, pero fueron suficientes para sentir la calidez de su alma. Mi esposo Alexander siempre me habló de su hermana Eloina, con amor y admiración hacia su Don de servicio. Mision cumplida Eloina!.
ResponderEliminar