Acuerdos venezolanos


 Aunque soy venezolano, hay algunos acuerdos de la venezolanidad que he asumido tarde. En el 2010, estaba estudiando en la escuela de cine y televisión. Iba a hacer un cortometraje y buscaba una locación. «Muy natural», se llamaba el guion que tenía entre manos; lo había escrito hacía ocho años atrás. Por suerte, al saber en qué andaba, un estudiante, que era pana, me ofreció su casa. Entonces nos pusimos de acuerdo en vernos el fin de semana en la escuela. Era miércoles y nuestro encuentro sería el sábado a las diez de la mañana.

Como suelo ser puntual, el sábado estuve unos minutos antes de la hora acordada. Lastimosamente, el estudiante no apareció por ninguna parte.

Cuando me lo encontré en la escuela el lunes, le pregunté qué había pasado, por qué no se había presentado. La verdad, tuvo que hacer un esfuerzo para recordar nuestro acuerdo. Y al hacerlo, su pretexto fue: «Es que tú no me confirmaste». Así de lo más natural. Yo tenía tiempo siendo indiferente a eso de la confirmación. Una costumbre que para mí no tenía sentido. Pero en ese momento me explotó en la cara y no me quedó más remedio que adoptarla para mis próximos acuerdos. Recuerdo que mi respuesta al pana fue: «¿Por qué tienes que ser tan venezolano?». Le pregunté con la voz de frustración, pues no podía hacer nada. 

Ahora, como cualquier otro venezolano, antes de acudir a un encuentro, suelo preguntar a través de un mensaje si la cosa va. Sí, aquí aplica lo de si no puedes con ellos, úneteles.


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